Tic, tic, tac, clap…CLACK! 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1. Empieza en cámara rápida la vida del foro. Los microondas abren sus bocas eléctricas para almorzar de todo: pollo de dieta, papas, arroz, tajadas, la comida de Chicken Grill que está como tibia… y ¡ups! un pescado con aroma a escondido ¿quién fue? No quedan pruebas. Los tupperware suspiran con vapor y son testigos de las confesiones, risas, anécdotas y desahogos. Mesa de trabajo, cafetín, sala de reunión, diván de psicólogo, pista de baile y hasta cama de sueños cortos. El foro es el centro de esta extraña constelación. Eso sí, cuidado con ocupar la mesa errada. Es como si cada una tuviera vida propia y una personalidad que inspira, o no tanto. Si se pudiera reservar, jamás habría mesa libre. Todos amamos nuestro rincón amaderado. Mesita, mesón, siempre queda un huequito… ¡ven!, ¡ven! queda espacio, con un deslizar de sillas rítmicas que tantas personas han conocido. Tú, yo, el de 1990 y el que vendrá a agregar más vivencias. En una mesa de 4, caben 6.
El lugar de lo imposible hecho posibilidad, de una risa indetenible y una lágrima disimulada. Espacio por igual de cuadernos y servilletas, donde siempre tenemos algo que contar: “no sé si estamos saliendo o no”, “imagínate una vaca que habla a cámara”, “el arte quedó saturado de cyan”, “me fui a la playa este fin y adivina a quién me encontré” jajaja jejeje “vamos son las 2”.
De pronto un susurro, una pisada, el sonido de un fax. Alguien agarra un chocolate caliente shus shus shus sale el vasito de la máquina. Son las 7 pm, son las 8 pm… somos 7, somos 3, soy 1.
Se cierra la puerta. Un silencio oportuno, tomando energías para el día siguiente.

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